Cuando alguien me escribe para encargar un retrato, la primera pregunta casi nunca es "¿cuánto cuesta?" — es "¿a quién pinto?". Y ahí es donde de verdad se decide si el resultado va a ser un cuadro bonito o una pieza que alguien quiera colgar para siempre.
La idea detrás del retrato
Este retrato es de Jero Romero, cantante, y no nació de un encargo, sino de algo más sencillo: en casa somos fans suyos, siempre que podemos vamos a verlo actuar, y le tengo verdadera admiración a lo que ha construido con su disco "Mi vida en partes muy pequeñas". No hacía falta que apareciera nada más que su cara — la conexión ya estaba ahí antes de que yo tocara el pincel, en la elección de pintarle a él, en ese momento, por ese motivo.
Es la diferencia entre pintar una cara cualquiera y pintar a alguien que de verdad significa algo para ti. Lo primero da un retrato correcto. Lo segundo da un retrato que alguien enmarca y pone en el salón — o que, como en este caso, se pinta simplemente por el gusto de hacerlo.
El proceso: del lápiz al color
Como en cualquier retrato, empieza con el boceto a lápiz sobre el papel de algodón, seguido del encaje en tinta — la parte que sostiene toda la estructura de la técnica line wash. Solo cuando esa base está resuelta entra el color, capa a capa, hasta encontrar el gesto final.
Si quieres ver en qué se diferencia esta técnica de una acuarela clásica, lo explico con más detalle en este artículo sobre line wash.
No es el objeto lo que hace especial un retrato — es el motivo por el que lo pintas.
Cómo pedirlo
El proceso es el de cualquier retrato por encargo: me cuentas a quién quieres pintar y por qué, mandamos la foto de referencia —si tienes dudas sobre cuál elegir, aquí tienes la guía completa sobre fotos de referencia— y empezamos por el boceto. Cuanto más me cuentes sobre esa idea, mejor sabré qué momento capturar.
¿Tienes en mente una idea parecida? Conoce el proceso completo y las tarifas.



